Un natural regreso al cuerpo. Imágenes, metáforas, sensaciones.
"Cuando los gatos sueñan, adoptan actitudes augustas de esfinges reclinadas contra la soledad, y aparecen dormidos con un sueño sin fin; mágicas chispas brotan de sus ancas mullidas y partículas de oro como una fina arena vagamente constelan sus místicas pupilas"
Charles Baudelaire
Con un Besie Award debajo de brazo (algo así como un Oscar de la danza) por su obra Exhauting Love at Danspace Project (2006) y un puñado de críticas de sus trabajos en prestigiosos periódicos estadounidences, no queda duda de que Luciana Achugar (ella prefiere que se la mencione como "luciana achugar", sin mayúsculas), la bailarina y coreógrafa uruguaya que dio sus primeros pasos en la escuela de danza moderna de la maestra uruguaya Hebe Rosa, se forjó su lugar en el mundillo de la danza neoyorkina. Achugar vive y baila en Nueva York desde 1995, donde continuó sus estudios. Desde 2002 trabaja en forma independiente.
Su regreso a Uruguay para montar dos de sus piezas de danza contemporánea junto con cinco destacadas bailarinas uruguayas (Andrea Arobba, Carolina Besuievsky, Florencia Martinelli,, Paula Giuria y Tamara Cubas) no pasó desapercibido para el público amante de la danza contemporánea. Las cinco funciones (16, 17, 21, 22 y 23 de diciembre) confirmaron ese interés congregando mucho público.
Hay algo entrañablemente anacrónico en el relato de Achugar pero a través del vestuario A Super Natural Return to Love (2004) que fue traducida como Un retorno al amor súper natural y necesario nos sitúa en el momento en que las mujeres vistieron uniformes, se pusieron redecillas en el cabello y se desempeñaron como operarias en las fábricas. No en vano ella se define a sí misma y a sus bailarinas como "dancer as working class" en el entendido de que al trabajar con el cuerpo, los bailarines no difieren de otros trabajadores que se ganan el sustento mediante el esfuerzo físico.
A diferencia de aquellas aguerridas mujeres, éstas llevan las boquitas pintadas de rojo carmesí como las muchachitas de la novela de Manuel Puig. El color rojo, uno de los más vibrantes y encendidos de la paleta de colores, tiene un papel protagónico en la obra. Las connotaciones del rojo son tantas que darían para escribir varias páginas, pero escuetamente diremos que en la bra parece remitir a las llamas de la pasión pero también a la sangre derramada con violencia puertas adentro del hogar (o que brota por obra de un tiro de gracia). Las bailarinas exhiben una a una con orgullo sus dedos manchados de rojo y en determinado momento empapan sus manos en ese color para pintarrajear salvajemente una pared blanca sobre la que vibran, se estrellan y caen exhautas en una expresiva denuncia de la opresión y celebración del goce, dando lugar a una suerte de aquelarre posmoderno. De uno modo contundente Achugar se las ingenia para representar el placer, el dolor y la violencia extrema de la que han sido y son víctimas las mujeres, todo a la vez.
En Franny & Zooey (2007) emerge con fuerza el costado más infantil de la danza. La obra, que se propone ser lo más transparente posible en cuanto al proceso creativo, está inspirada en dos gatos (Franny & Zooey) bautizados con los nombres de los personajes de J.D. Salinger que merodeaban en el estudio que Achugar utilizó en Nueva York. La coreógrafa ubica al espectador en el momento mismo en que comenzó a crear la obra en el mencionado estudio. Mediante un audiovisual de ese entonces en el que un gato atraviesa la escena indiferente a la bailarina y a todo lo que lo rodea, como suelen actuar los gatos, seres de "absoluta honestidad emocional", como los definió el escritor Ernest Hemingway. Luego de un rato en el que el animal no se da por aludido, Achugar parece decidida a ir tras su esencia felina. El resultado es tan misterioso como los propios gatos: la bailarina pasa de la ciudad de los hombres a las de los gatos y transforma sus cuerpo desnudo de la cintura para abajo en un suerte de esfinge surrealista que pendula de espaldas al público.
Tanto A Super Natural Return to Love como Franny & Zooey, se organizan de manera simple y efectiva, los cuerpos se mueven con total libertad en una auténtica y honesta búsqueda de un estado natural previo al raciocinio y los dictámenes de las diferentes técnicas que subyacen. Podemos aventurar que para Achugar poner una obra en escena significa abrir una gran interrogante; un espacio de encuentro, de expiación y de entrega, salvaje y sofisticado a la vez, en el que la comunicación -sin desatender la dialéctica conceptual- transita por unos canales habitualmente en desuso, como los de los niños que juegan desnudos en la playa, se mueven, se divierten y se expresan plenamente sin ninguna clase de verguenza. Una forma de invitar a repensar la relación con el cuerpo en la vida cotidiana y enunciar que, a pesar de la madurez, eso también es posible y forma parte del ser.
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