Nueva York ida y vuelta
Desde 1995 esta coreógrafa uruguaya está radicada en Nueva York, luego de graduarse en danza en el California Institute of the Arts. Ha bailado con importantes personalidades, como Jeremy Nelson y Marcelo Evelin, recibió importantes premios y logró atraer diversas subvenciones y apoyos institucionales para su labor creativa.
Ahora Luciana Achugar trae a Montevideo dos obras que realiza con algunas de las más connotadas bailarinas de nuestro medio (Andrea Arobba, Carolina Besuievsky, Florencia Martinelli, Paula Giuria y Tamara Cubas), con las que, según ella cuenta, ¨me une una larga aunque discontínua relación de amistad, que hace que este montaje sea muy particular y diferente a lo que fue en Estados Unidos, con una carga emocional adicional¨.
En Franny & Zooey, la segunda de las dos piezas, el concepto y el diseño de luces (junto a R Murray) y en el video (con M Mahalchick). Proyectada sobre una enorme pantalla al fondo de la escena, una serie de imágenes da cuenta de la evolución del proceso creativo de la coreógrafa, que a través de ellas intenta mostrar cómo surge una idea, qué ámbitos recorre y cómo se va modificando. Franny y Zooey son unos gatitos que se meten constantemente al estudio donde Luciana trabaja sus movimiento en solitario, molestándola y distrayéndola hasta que comienza a aceptarlos y a tratar de comprender la libertad de sus movimientos. Como es imposible emular esos movimientos con ropa, la bailarina se la quita de la cintura hacia abajo: su trasero desnudo pasará a ser protagonista de sus discursos video-coreográfico primero y coreográfico-presencial después. Es una propuesta de deconstrucción de la mirada unidireccional que ha convertido al trasero femenino en objeto. La presencia de Luciana completamente desnuda genera una situación de figura y fondo, de protagonista y coro -con las demás bailarinas- pese a que ella sostiene: ¨Siempre he sentido un fuerte conflicto con el poder, la figura de un director o coreógrafo que todo lo puede, o el elegir bailarines para roles solistas destacándolos de los demás. Prefiero diluir las personalidades individuales y presentar situaciones de colectivos donde se arma el discurso entre todas¨.
La primera obra, que elegimos dejar para el final, Un retorno al amor súper natural y necesario, tambien es de Luciana en concepto y dirección, con luces de Cloe Z Brow y música de G Greenblatt y P de Gaillande. Cinco mujeres transitan desde los movimientos repetitivos y estereotipados hasta un frenesí primitivo. La autora mantiene su postura sobre su intención original de trabajar sólo la mirada del público.
¨Por supuesto soy mujer y me pasan cosas, vivo cosas que aparecen en mi trabajo, pero nunca he tenido la intención de generar un planteo feminista¨, dice la coreógrafa de este trabajo, en el que resulta tremendamente poderosa la presencia y la reescritura del cuerpo femenino, que por momentos se colectiviza y por momentos se individualiza. La sangre figurada -tinta que sale de bolsillos externos de las túnicas- remite a la menstruación, el parto, el himen roto, incluso la violencia sexual. Es sangre relatada, es tinta sangre con la que las bailarinas escriben en unos paneles blancos unos relatos a fuerza de trazos no codificados que seguramente cuentan una historia que sólo podemos suponer.
El cuerpo de la mujer asume actitudes de seducción, usa la cabellera para cautivar, las piernas enfundadas en medias para atraer miradas, pero también asume posturas de parto que no se muestran habitualmente. Las mujeres rodando entreveradas entre sí, sin que se sienta una connotación sexual sino casi de juego, en esa confraternización e intimidad que sólo ellas entienden y sólo ocurre cuando no hay ojos masculinos juzgando. El llanto que sale de repente, sin necesidad de explicación racional y que también sin explicación obligatoria se podría tornar en risa compulsiva.
Un retorno al amor súper natural y necesario es una pieza removedora y de enorme provocación; fue estrenada en 2004, pero su vigencia se mantendrá en el tiempo porque alude a temas interminables: ser mujer, ser vista como mujer, asumirse como mujer, asumir las miradas que si pueden condicionan, pelearle el enfoque a esa mirada. En definitiva, la obra trata de la libertad, a veces dolorosa pero siempre necesaria, para la artista y para el público, para abrir la posibilidad de cuestionar la propia mirada, y poder decidir qué y cómo mirar.
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