Espacios oscuros, cuerpos luminosos

En una semana de actividades en Estación Central, el FIVU propuso como objetivo artístico la investigación y la producción de discursos en torno a ¨lo corporal¨.

Creemos que nuestras sociedades -dice Tamara Cubas, una de las organizadoras del festival- son cada vez más individualistas, más racionales, más tecnológicas, y que el cuerpo comienza a quedar fuera del discurso sobre las prácticas o sobre la propia naturaleza humana¨.
En base a esta premisa, esta segunda edición del Festival, (la primera fue en el 2002, en el Museo de Artes Visuales) se propuso como objetivo la investigación, el intercambio y la producción de discurso en torno a ¨lo corporal¨.
A la muestra de videodanza se incorporaron instalaciones fotográficas, programas de videos, video instalaciones, obras escénicas y performances, así como seminarios de danza, edición y video, conferencias y mesas redondas que se ajustaron al eje y materia de la convocatoria: la relación entre el cuerpo, la imagen y el movimiento.
Los artistas participantes llegaron desde Japón, Canadá, España, Brasil, Paraguay y Argentina, y se sumaron a las propuestas locales para dar forma a este eento que apuntó principalmente a la interrogación.
El hecho de coincidir el programa del FIVU con los días de cierre del proyecto VIENE, malograda iniciativa privada desarrollada en Estación Central, no perjudicó un encuentro que sobrepasó todas las expectativas y se constituyó en los hechos, en una interpelación mas que interesante a la sociedad. Incorporó los obstáculos que se plantearon y éstos constituyeron, de forma evidente e inevitable, gran parte de la experiencia estética del público asistente.

TERRITORIO INTERVENIDO
En este espacio que moría, a los ojos del público y a la luz intermitente de un generador a gas-oil, entre el 14 y el 21 de octubre se desarrollaron las acciones del FIVU. Ocho jornadas en la que el espectador se enfrentó a corredores, escaleras, baños y salones oscuros y solitarios, desmesurados accesos al único salón del edificio en que se concentraron las muestras, como si se tratase de un recorrido más (y a veces más interesante) del itinerario previsto. Las obras escénicas se desarrollaron en el Teatro Victoria, que cedió su sala a último momento y resultó un espacio ideal.
¨Dos semanas antes de la inauguración -cuenta Cubas- se produjo el corte de luz en AFE y apareció la alternativa del generador, que implica que cada tanto se corte la energía. Por otra parte, el Proyecto VIENE se terminó antes de lo previsto, cuando el organizador decidió súbitamente cerrar todo. Preguntamos qué hacer y nos contestaron que si queríamos nos quedábamos solos, pero que teníamos que pagar diez mil pesos por día para el gas-oil del generador¨.
Todos se desboronaba, así que la organización del festival debió buscar alternativas urgentes mientras los acuerdos pactados, se desvanecían. Los días previos fueron una locura. ¨Teníamos ocho obras internacionales por presentarse cinco seminarios por dictarse, e invitados que comenzaba a llegar. Todo lo previsto fue modificado. Y nadie se hacía cargo. . . De pronto nos vimos en medio de la oscuridad cargando y transportando objetos con una linterna.¨
Pasada la tormenta, Cubas reafirma su posición. ¨Dentro de todo, lo bueno fue no suspender, porque la única forma de poder hacer arte es generar espacio de creación y pensamiento que necesitamos¨.

RITUALES SIN MITO
En FIVU se presentaron piezas que exigieron una particular disposición del espectador a indagar en su propia forma de participación, que apelaron asimismo a un público abierto a códigos que comienzan a institucionalizarse como nuevas convenciones. Casi rituales, aunque ¨rituales sin mito¨, (Bourdiaeu), se trató de obras que en su mayoría incluyeron una interrogación autorreferencial.
Entre la creación para si mismos y el espectáculo, los artistas propusieron reflexiones en torno a los temas de la convocatoria, en un espacio escénico que permaneció fundido con el espacio social. Gestos de la postmodernidad se sucedieron en el interior de AFE, aquel símbolo ya muerto de la modernidad, como una voz naciente de la agonía, y como presencias corporales interpeladas, casi siempre, por su duplicación mediática.
Se vieron propuestas de primera línea, tanto nacionales como internacionales, y otras de menor jerarquía. Sin embargo, creemos que más allá de la calidad de los espectáculos, el interés del evento deriva de su éxito en tanto espacio legítimo de reflexión genuina sobre una línea del arte. Finalmente, de especial relevancia fue la evidencia, materializada en el evento, de la constante contradicción uruguaya entre las posibilidades y los objetivos, en tanto movió al público a otro tipo de reflexión, cada vez más necesaria, sobre los vínculos entre autonomía y dependencia del arte en las actuales condiciones de producción y circulación cultural.

Un colectivo dinámico
El FIVU es una de las principales iniciativas del colectivo artístico Perro Rabioso, fundado por la bailarina y videasta Tamara Cubas y el músico Francisco Lapetina. Este equipo dinámico y multifacético, opera en torno a la creación y la investigación en el campo del arte vinculado a las nuevas tecnologías.

Tipo: 
Crítica
Autor: 
Lucía Masci
Medio: 
Caras y Caretas
Fecha: 
5 de noviembre
Año: 
2004