Sin rango"[...] El final mesiánico de la historia, [...] define un umbral crítico, en el que la diferencia entre lo animal y lo humano, tan decisivo para nuestra cultura, amenaza con borrarse, y por ello siendo menos y mas que si [...] Si la vida animal y la vida humana se superpusieran perfectamente, ni el hombre ni el animal- y, tal vez ni lo divino- serían pensables.[...[ [...]El experimento congnositivo que está en juego es esta diferencia concierne, en último análisis a la naturaleza del hombre, más exactamente, a la producción y la definición de esta naturaleza. Es un experimento de hominis natura. Cuando la diferencia desaparece y los dos términos colapsan uno contra otro -como parece suceder hoy- tambien la diferencia entre el ser y la nada, lo lícito y lo ilícito, lo divino y lo demoníaco disminuye y, en su lugar aparece algo que hasta los nombres parecen faltarnos. Tal vez los campos de concentración y de exterminio sean un experimento de este género, una tentativa extrema y monstruosa de decidir entre lo humano y lo inhumano, que terminó involucrando en su ruina la posibilidad misma de la distinción. [...] [...]El hombre no tiene ninguna identidad específica, exepto la de poder reconocerse.[...]El hombre es el animal que tiene que reconocerse humano para serlo. Giorgio Agamben
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