
La tía Elsa va al banco a recolectar las finanzas, ella tiene asignada la zona bancaria. En la puerta se encuentra con unos colegas. Le están pidiendo que entre un paquete de 3 000 volantes, tiene que llevarlos a la azotea y colocarle una piedra de hielo arriba. Toma el paquete y lo coloca en su bolso. Adentro se pone a charlar con otras personas, todos están un poco raros, entonces decide irse. Se da vueltas y se encuentra con dos militares que le piden que los acompañe. Ella va entre ellos caminando hacia el zótano, tiene unas plataformas, minifalda, pelo bien lacio hasta la cintura y gruesas líneas negras sobre los ojos.
Llegan y le piden que se siente en una silla frente a un escritorio donde está sentado un oficial con otros dos parados a cada lado. Le preguntan que hace en el banco y ella les cuenta que vende libros y que viene a cobrar las cuotas, le piden la cédula y mete su mano entre los volantes dentro del bolso. El oficial le recomienda que son tiempos difíciles, que tiene que tener cuidado, ella cruzando y descruzando las piernas le cuenta de sus dos hijos, de su marido que no le pasa pensión, del multiempleo y al ratito, sermón mediante le pide a los oficiales que la acompañen a la salida. La dejan en la puerta trasera y en el último escalón se entrepara y sigue derecho. Pasa todo el resto del día entrando y saliendo de librerías, bares, espacios públicos pidiendo para entrar al baño e irse deshaciendo de los volantes al tiempo que retrasa el regreso a su casa.