Desafíos a la (des) memoria. (O el Alzheimer de los archivos)
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"Algo es cierto: nosotros hicimos el pasado y somos responsables de él, al menos de que conscientemente queramos ser olvidados cuando nosotros mismos seamos pasado"
Carlos Fuentes
Las bibliotecas son las memorias de la humanidad. Una memoria infame, ha dicho Shaw. Pero con ella erigiremos un porvenir que se parezca, siquiera un poco, a nuestra esperanza.
Jorge Luis Borges.
El mal de Alzheimer o simplemente alzhéimer[1] es una enfermedad neurodegenerativa. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida progresiva de la memoria y de otras capacidades mentales, a medida que las células nerviosas (neuronas) mueren y diferentes zonas del cerebro se atrofian. (1)
1. Historia, cuadro clínico y diagnóstico de la (des)memoria
Desde épocas remotas como el año 3000- 2800 antes de Cristo el hombre comenzó a conservar los primeros documentos del que se tengan noticias, descubiertos en Uruk (hoy Varka) en Mesopotamia, tabletas de arcilla instaladas en el templo de Eanna. La misma época en que aparecen en Egipto la escritura jeroglífica. Es el inicio de una larga tradición en la historia de los archivos y bibliotecas, en el interés humano de organizar los documentos que luego servirían de legado a la historia de sus naciones, una tradición que llega hasta el siglo XXI, un desafío de la memoria al paso arrasador del tiempo, contra el mal de Alzheimer que las colisiones de la historia, la desidia y el desinterés propician, a veces manipuladas, otras mutiladas, otras ocultadas, pero siempre condenando a la desaparición del presente y el pasado, entregándonos el vacío, como futuro.
Alguien escribió que la memoria es lo que trasciende, pero particularmente creo que es también la que subyace, la que cada segundo que transcurre está a punto de perderse, a veces para siempre, sin posibilidades de ser conocida y por lo tanto de trascender: sumergida en los cataclismos de la historia, que investigadores, bibliotecarios y archivistas deben salvar para la posteridad con los recursos tradicionales y tecnológicos de la era moderna.
Fundado en 1994, el Centro de Documentación e Investigaciones Israel Moliner Rendón (CDIAE), surgió como una necesidad vital para la supervivencia de la memoria documental que la escena ha generado en siglos de subsistencia. Formado por una biblioteca y archivo sobre las artes escénicas en Matanzas y Cuba, que conserva, cataloga y registra documentación de diversas zonas de la escena cubana e internacional. También un variado archivo de voces de personalidades cubanas e internacionales, música de espectáculos, vídeos, objetos museables, estadísticas y documentos económicos u oficiales (2). Todo lo que tenga valor y pueda ser salvado por un joven equipo de investigadores y archivistas, que no llegan a la treintena de años, y trabajan en intenso y seductor aprendizaje, hacia la formación de una vocación cuyo final es un enigma (3).
Aunque enclavado fuera de la capital de Cuba, es la única experiencia institucional de este tipo en el país, si recordamos que la monumental labor del Centro de Documentación del Teatro Nacional de Cuba, dirigido por la imprescindible y poco recordada María Lastallo, desapareció para siempre, diseminando en el misterio el más rico y valioso acervo de la escena cubana (4).
Siempre se dice que cualquier archivo puede evaluarse por su número de usuarios, o bien por la riqueza de sus fondos, determinado por el largo de sus anaqueles, aunque definitivamente lo más importante es el valor patrimonial de su legado. Lo que quiere decir que nunca podremos alcanzar los 9. 500 metros de anaqueles del Archivo General de Simancas, en España, y ni tan siquiera el de muchos otros de una larga vida y profusa documentación escénica. Sin embargo, intentamos los dos objetivos, como un sueño y una batalla contra el tiempo, el espacio físico, y la integración de los archivos y sus especialistas con la sociedad, construyendo un público que lo dinamice y lo haga vivo, en el lugar donde normalmente debe existir el silencio sepulcral y la soledad que la tradición nos ha entregado de estos lugares: la de eruditos que custodian y hojean manuscritos amarillos y polvorientos o manejan el uso de la informática para conservar y dar una larga vida a los documentos con un servicio creciente y diverso sobre diferentes zonas del conocimiento y la creación escénica.
Hay una frase del intelectual africano Amadeu Hampatá que sentencia: "En África, cuando un anciano muere es como si una biblioteca se quemara". Desafiar a la desmemoria para nosotros es enfrentarnos al maravilloso reto de desafiar el largo y escabroso camino de la historia, que es un laberinto, con y sin el hilo de Ariadna. Es encontrarnos con ese anciano del que escribía Hampatá, salvar esa biblioteca, literal y metafóricamente. Walter Benjamín escribió: Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que las de las personas célebres. La construcción histórica está consagrada a los que no tienen nombres", lo que constituye una luz en lo que soñábamos y seguimos soñando ,con la utilización de métodos más eficaces y perfeccionados para organizar colecciones y ofrecer con efectividad diversos servicios al usuario.
Mientras el siglo XIX y el XX se devela con trabajos historiográficos, que amplían nuestros archivos digitales y tradicionales, muchos artistas, muchos colectivos, muchos acontecimientos, mucho más cercanos en el tiempo, inician o culminan un deterioro trágico de su memoria histórica. En nuestra experiencia existían zonas no registradas, lagunas y vacíos que era ineludible diagnosticar, inventariar, recuperar para el futuro.
En el diagnóstico inicial encontramos agrupaciones que por circunstancias coyunturales o traumáticas desaparecieron y junto con ella la existencia de sus artistas. Sucesos que lo efímero de la escena dejó sin constancia para la posteridad. Creadores de ahora mismo que han construido un imaginario iconográfico, sonoro, textual que es necesario perpetuar. Testimonio oral amenazado por la extinción paulatina en el recuerdo de artistas, gestores y técnicos de la escena. Instituciones que se desvanecieron para siempre sin dejar una huella visible para la inmensa mayoría e incluso para los especialistas en la temática: trascendentes y subyacentes, intercambiando su jerarquía en el iceberg de la memoria, como todo fenómeno que el tiempo y sus contemporáneos sedimentaron. Demasiados recuerdos afloran de solo hurgar, perdidos, pero palpitantes y valiosos, enfrentándonos a una ardua y compleja tarea, que exigía – además de seguir las estrategias tradicionales - una provocación eficaz y urgente, un proyecto siempre abierto, al que le llamamos Memorias, con "la conciencia de que el pasado no es el tiempo de lo clausurado ni de lo inmodificable, sino que está abierto, (…) a la interpretación "- como lo definió Ricoeur.
Queríamos y logramos, un espacio para el encuentro de los artistas con otras generaciones u otras zonas de la creación, de los artistas con el público. Estimular el registro de la memoria oral en nuestro archivo de voces como legado imperecedero; recuperar documentos, diversos y contradictorios en manos de los homenajeados o de particulares que lo guardan con celo en sus hogares, sin registro, ni catalogación posible. Un espacio para construir un público, que interviene, que participa, que intercambia y confronta sucesos, que va reconstruyendo la historia, ayudando a interpretarla y proyectarla. Convertir la biblioteca y el archivo en un espacio dinámico de colaboración mutua y enriquecedora entre seres humanos de diversas procedencias, un espacio creativo donde se fusionaran lo testimonial, con la introducción de materiales documentales ordenados en función de una estructura a la que se integran además, grabaciones sonoras: música, voces, "inyecciones" de comentarios críticos, de entrevistas escritas, de frases…; fragmentos de actuaciones en vivo: danzarias, circenses, teatrales, o lecturas representadas de la escena de una obra. Objetos museables que adquieren un nuevo sentido al transgredir los límites de lo expositivo para integrarse a un todo: vestuarios, utilería, manuscritos, escenografías. Un collage que debe apuntar a instruir al público, a invitarlo a reflexionar sobre un acontecimiento o un artista de la escena, a intervenir y aportar información, a convertirlo en un colaborador de lo que sucede y de lo que está por suceder. El pasado y el presente, uniéndose, contrastando, provocando y definiendo, otros presupuestos de lo histórico: de documento a objeto vivo, de estar escondido en un anaquel, mostrado en una vitrina, o en la larga memoria de un ordenador a revelarse ante todos, con una dimensión nueva.
2. Tratamiento. Experiencias de una terapia
La primera pregunta era por dónde empezar, con qué usuarios iniciar este nuevo servicio que ponía los fondos de los archivos en una perspectiva diferente a la usual, qué estrategias promocionales utilizar para convertir la biblioteca en un lugar abierto, sin su silencio habitual, sin el ritual al que nos tienen acostumbrado; cómo lograr que muchos de los olvidados regresaran de nuevo a conversar sobre el pasado.
Recuerdo que comenzamos nuestro primer encuentro con los artistas del Atenas y especialmente con el domador, actor, faquir, mago y director del Circo Atenas: Ramón Cruz, porque el circo era una manifestación escénica de la que no teníamos ningún vestigio en nuestros anaqueles - y hasta donde sé- en ningún otro de nuestro querido archipiélago.
Esta era una institución que había desaparecido en la década del ochenta con su carpa y sus artistas. Un recuerdo inolvidable de la infancia que nos perseguía.
Comenzar con Ramón Cruz después de localizar a su esposa también artista circense, nos permitía recuperar los primeros documentos, iniciar una pesquisa casi detectivesca para descubrir e invitar a los otros miembros de la prestigiosa agrupación a un espacio de homenaje que se iniciaba con ellos, solicitándole desde la primera visita a su casa por los archivistas y colaboradores el apoyo para rescatar documentos y objetos. Una eficaz manera de recopilar información sobre otros integrantes del colectivo. Una manera de llegar a otras agrupaciones o a experiencias ambulantes, de la cual muchos formaban parte antes del triunfo de la revolución de 1959.
Tras una coherente labor promocional, nuestro primer encuentro fue con un público integrado por personas de todas las edades en el zaguán de la casa colonial donde queda nuestro CDIAE, en una de las más concurridas calles de la ciudad donde vivió y murió el poeta y dramaturgo del siglo XIX cubano: José Jacinto Milanés. Estudiantes de escuelas de artes, artistas de otras manifestaciones y un público heterogéneo que se fue sumando activamente al dialogo, a la experiencia de descubrir con las imágenes de archivo: un imaginario, la carpa y sus artistas.
Con el material facilitado con anterioridad, recreado con músicas originales utilizadas por el circo en sus números, fotos del colectivo y sus artistas compusimos un collage de imágenes que se integraban a la dramaturgia del "espectáculo". Desde el escenario comenzamos las entrevistas con algunos de sus protagonistas, mientras desde el público otros nos brindaban una información valiosísima, una reconstrucción histórica, una mina de información que nos daba respuestas y numerosas interrogantes. Todo fue grabado, mientras ignorados documentos salían a la luz, como la carta de un funcionario que dictaminaba la muerte por resolución del Atenas, uno de las más valiosas agrupaciones cubanas de la época. También el guión del último espectáculo que animó Gerardo Díaz, con la entrañable voz que en nuestra infancia escuchábamos en la pista del circo y que solicitamos interpretara como si fuera una función de antaño, mientras un joven mago realizaba números que les había enseñado su maestro Serruchini.
Momento perdurable, que permitió un año después realizar un espacio Memorias dedicado a Los Pastrana, titiriteros, magos, telepatas, acróbatas cubanos, e insertar en la estructura del guión, la grabación como un homenaje a la reciente muerte de Gerardo Díaz, escuchada por familiares, colegas y el público asistente. Una esta fue una manera de dinamizar los archivos, de ponerlos en función del espacio, de convertirlo en materia artística, integrándolo al recuerdo, a lo oral, a la promoción del patrimonio.
Con el primer espacio Memorias logramos crear los fondos del Circo Atenas con dos mil documentos integrados por fotos, carteles, diplomas de reconocimientos, catálogo de presentaciones, programas, cartas oficiales, guiones originales con acotaciones al margen, bocetos de vestuario, estadísticas económicas; además de crear fondos de otros artistas como Ramón Cruz: 200 documentos, Los Pastrana 225 documentos, Los Araujo, 315. Semilla para el libro pronto a publicarse y escrito por la joven investigadora Mariem Espinosa: Historia del Circo Atenas.
Otros encuentros, durante cuatro años, fueron dedicados al Teatro Lírico de Matanzas, agrupación cubana y una de las pocas del país, que también se había desintegrado paulatinamente y en el que dejaron su huella las más importantes figuras del teatro lírico nacional. Agrupación, cuya sede el Teatro Lincoln se había quemado, por lo que solo teníamos solo algunas fotos y libretos, con la huella perdurable del siniestro.
En tres espacios, dedicados a fechas esenciales como el aniversario 30 de su creación, a la figura del importante actor cubano Armando Soler (Cholito) y a la zarzuela Cecilia Valdés de Gonzalo Roig, procuramos mediante donaciones, un rico y valioso fondo de unos mil documentos desde grabaciones originales de varias de las zarzuelas, fotos, cartas personales y oficiales, actas, afiches, programas de mano, que hemos utilizado como material documental en otros espacios, contribuyendo a trabajos investigativos, homenajes y asesorías a especialistas o estudiantes.
También recuerdo los Memorias dedicados a los dramaturgos José Ramón Brene, José Milián, René Fernández Santana, y Albio Paz, este último presentado como actividad de extensión del CDIAE en el Festival del Teatro Cubano en Camagüey y en la Jornada Nacional de Teatro Callejero de Matanzas. Comenzó con un pasacalle de la obra El Quijote, por El Mirón Cubano, colectivo que dirigió durante veinte años y culminó la convocatoria callejera en una invitación a entrar en el recinto donde se realizaba el Espacio Memorias, fusionando diversos y variados testimonios de colaboradores, imágenes documentales de los fondos de Albio Paz, fragmentos una actuación registrada antes de su muerte y la grabación de su voz leyendo en la I Jornada de la Dramaturgia Cubana en el 2003, el primer capítulo de las memorias de su vida, conservada en nuestro archivo de voces.
Estas experiencias finalizaban con el agradecimiento y el diálogo fraternal entre investigadores, público y artistas. Experiencia inigualable en el rescate de otros documentos valiosos, que nos permitió cruzar las barreras de la desconfianza y el recelo que siempre acompañan a muchos al entregar lo más valioso de su patrimonio personal a los conservadores y a los anaqueles especializados, a la larga memoria de los ordenadores.
Memorias funcionó como una estrategia para aglutinarlos en una red de colaboradores que crece y sigue permitiendo ampliar los fondos documentales, a la que hemos sumado a estudiantes, creadores y amantes de la historia.
Según estadísticas de nuestros catálogos desde el 2006 hasta la fecha se han realizado cerca de 90 espacios de encuentro, sobre dramaturgos, directores, diseñadores, actores, técnicos de la escena, gestores de la actividad cultural, bailarines y coreógrafos, artistas circenses, acontecimientos, involucrando las tres manifestaciones de la escena, a figuras y eventos de rango nacional y local, favoreciendo siempre el surgimiento de actividades colaterales como la inauguración de exposiciones y muestras, que después de su permanencia en un espacio fijo en la Galería La Vitrina o en la Sala Estorino, inician un recorrido itinerante por escuelas y establecimientos públicos. También se escribieron tres libros en vía de publicación: Memoria de la (des) memoria, que recoge la historia del espacio, currículo de los invitados, palabras de homenaje y entrevistas generadas en cada encuentro; Creadores de la escena, entrevistas a personalidades a doce personalidades del teatro y la danza, realizadas por el colaborador Norge Carlo Céspedes y la monografía: El Circo Atenas y sus artistas, de la investigadora Mariem Espinosa.
Para el 2009, se proyecta masificar el legado de los archivo en una serie documental, intentando perpetuar y registrar la memoria, pero también difundir sus fondos, generalizando su existencia como material didáctico a utilizar en actividades de extensión en escuelas y centros de trabajo.
Porque a las generaciones que se forman hoy en las escuelas es ineludible enseñarles a valorar y conocer los archivos, a incitarlos y provocarlos a descubrir la historia de sus pueblos en los archivos más que en los libros. Enseñarles a amar el patrimonio, palpándolo, cuidándolo, revelando en ellos sus enigmas sin la manipulación tergiversada, como un proyecto para el futuro.
3. Manifiesto del archivista ante la (des)memoria)
La desmemoria, su reto, es un desafío constante: una madeja que crece y se trata de alcanzar y a veces se pierde ante nuestros ojos. Una estrategia común es imprescindible. Concientizar a todos sobre la importancia del rescate y la conservación del patrimonio y de los avances de la modernidad en la protección de nuestro acervo cultural. Esencial es el intercambio y el acercamiento mutuo entre instituciones y países que se desconocen entre sí, aunque trabajan en un mismo fin, para compartir experiencia y mensajes culturales que nos integren y nos acerquen mutuamente y para siempre. A veces pienso que además del interés inconstante de nuestras naciones, es imprescindible la labor del hombre y la mujer, la pasión del hombre y la mujer, la cofradía de hombres y mujeres que aman más allá de resoluciones y leyes la historia y al valor de sus documentos. Que es necesario seguir rastreando y perpetuando el pasado y la verdad en colecciones donde se combine la organización tradicional, con las de la era de la informática según las posibilidades de cada uno de nuestras instituciones y países, perfeccionando la labor del archivista y el bibliotecario como experto en la archivología escénica. Que es importante contribuir al intercambio entre instituciones escénicas del mundo para que cada vez seamos un frente común por la identidad de nuestros pueblos y el enriquecimiento del conocimiento del ser humano. Que es importante abrir nuevos espacios entre el usuario y el especialista que transgredan la tradición del archivo y la biblioteca tal como la imaginamos, pero adaptados a las circunstancias e intereses de cada uno nuestras instituciones. Enseñar al ciudadano de nuestros pueblos a estudiar los archivos como un camino hacia la luz y por lo tanto al niño como representante del futuro. Propiciar que cada graduado universitario contribuya de alguna manera a la memoria de su nación, aportándole sus conocimientos, con una investigación o con el rescate y conservación del patrimonio. Esta es una misión de todos, un sueño de todos, donde quizás se nos va la vida y donde es esencial que hayamos formado a los que seguirán nuestro camino. Un largo camino. Infinito, pero que no podemos abandonar, nunca.
Matanzas, Cuba – Montevideo, Uruguay, noviembre del 2008
1. El autor encuentra semejanzas entre el mal de Alzheimer y la pérdida paulatina de la memoria histórica.
2. Surge en un pequeño espacio de la calle Contreras, como Centro de Información de las Artes Escénicas, adjunto al Consejo Provincial de las Artes Escénicas de Matanzas, a partir de una idea de su presidenta Mercedes Fernández Pardo y del teatrologo Jorge Luis Cabrera. En la etapa inicial solo tenía una archivista- bibliotecaria y una directora, con el objetivo principal de conservar el patrimonio escénico, brindar información especializada sobre la escena y trazar las estrategias de investigación y protección del patrimonio. En el 2000, se mudan a un espacio más amplio en la calle Milanés / entre Jovellanos y Matanzas y se reestructuran sus áreas y objetivos a partir de las experiencias de otras instituciones homólogas de Iberoamérica y de las necesidades propias de su existencia y desarrollo. A partir de ese año comienza a llamarse Centro de Documentación e Investigaciones de las Artes Escénicas Israel Moliner Rendón (CDIAE), en homenaje destacado intelectual cubano, nacido en la ciudad de Matanzas. Desde esa fecha, dirigido por su actual director, laboran en la institución: dos bibliotecarias archivistas, tres investigadoras – museólogas, una promotora - administradora, un especialista en informática, un investigador principal y graduados o estudiantes de carreras de humanidades y arte que pasan en el trabajo de archivo e investigación, su servicio social o las prácticas docentes. También cuenta con varios colaboradores que realizan investigaciones sobre temas de interés para el Centro y con un equipo asesor encabezado por el intelectual cubano Urbano Martínez Carmenate, autor de las biografías sobre José Jacinto Milanés, Domingo del Monte, José María Heredia, Carilda Oliver Labra, Alejo Carpentier y de relevantes estudios sobre los más diversos temas de la cultura cubana. También forma parte del equipo asesor el etnólogo e investigador Israel Moliner Castañeda, autor de Historia del Teatro Principal y de El Teatro Lírico de Matanzas (en fase de terminación). El CDIAE, presta servicios especializados a investigadores, artistas, periodistas y publico en general. Una incitación para cualquier investigador y archivista, una profesión poco valorada y retribuida de un centro especializado en aspectos periféricos a los grandes acontecimientos de la historia de una nación. Incluye otras tres áreas de documentación: el Teatro Sauto (Monumento Nacional), sobre la documentación que ha generado el Teatro Sauto desde el siglo XIX hasta hoy; la Galería El Retablo, único centro de su tipo especializado en la promoción de la imagen del títere, que funciona como estudio del diseñador escénico Zenén Calero Medina, y la Sala Papalote, con un rico archivo de documentos generado por esta agrupación desde 1961 en que fue creada hasta nuestros días. El CDIAE Israel Moliner Rendón está compuesta por una biblioteca - salón de actividades, inaugurada el 25 de enero del 2005, en homenaje al dramaturgo cubano Abelardo Estorino; una galería llamada, La Vitrina, inaugurada en enero del 2006, donde se exponen los fondos de los archivos de la institución. En la programación de sus exposiciones se tienen en cuenta aniversarios de colectivos escénicos, creadores, acontecimientos y varios de los eventos que se realizan en la ciudad de Matanzas y que son únicos en el país: Taller Internacional de Teatro de Títeres, Jornada Nacional de Teatro Callejero, Magia Atenas, Jornada Narices Rojas, (dedicada al arte del payaso), Jornada de la Dramaturgia Cubana Evento Científico de las Artes Escénicas El Anaquel. Los dos últimos son convocados con carácter anual por el CDIAE.
3. En el registro de información, rescate de documentos, investigación, digitalización, creación de archivo de voces, promoción, producción y realización del espacio Memorias han trabajado durante cuatro años museólogos- investigadores, archivistas, promotores e informáticos del CDIAE: Yamilé González, María Isabel Tamayo, Mariem Espinosa, Martha Lydia Huerta, Juan José Palma, Marvelis Díaz, Fran David Valdés y Ulises Rodríguez Febles.
4. La creación del CDIAE constituye una experiencia que abrió un camino en la conservación institucional de documentos de la escena en Cuba, que actualmente comienza a proliferar a través de otros proyectos en provincias como Cienfuegos y Camagüey; en la labor del diseñador Jesús Ruiz, que ha rescatado y digitalizado el diseño escénico cubano y en la actividad que realiza Pepe Murrieta desde el Centro Nacional de Investigaciones (CNIAE) de rescatar y difundir el acontecer inmediato de la escena cubana en su sitio web. El CDIAE tiene estrechas relaciones de intercambio con centros homólogos de Iberoamérica, como el Centro de Documentación del Teatro de Títeres de Bilbao, dirigido por Concha de la Casa y Documenta, de Córdova, Argentina. También coordina en Cuba un proyecto internacional de investigación sobre la Dramaturgia Actual en Español, que dirige el teórico y profesor José Luis García Barrientos, que estudiará durante tres años con el apoyo de Ministerio de Ciencia y Tecnología de España, a autores y obras de México, Argentina, España y Cuba.